EL PROCESO MMK ®

La manera más sencilla de resolver un problema en la vida es disolviéndolo. Te preguntarás, ¿como se disuelven? Sencillamente dejando de ponerles atención. Los problemas no son más que formas creadas por la mente con polos opuestos, positivo y negativo.

Esas formas son sostenidas por la mente, pero dejan de existir cuando dejamos de darles vida.

Olvidar problemas es básico, y amoroso para nosotros. A lo largo de este artículo te mostraré cómo hacerlo. Olvidar en un sentido diferente, me refiero a poner la atención en otro lugar dentro de nosotros, mucho más genuino y válido.

Donde vendrán las respuestas, los caminos o guías que nos marcará el universo, para la resolución del conflicto.

Los seres humanos contamos con tres áreas muy importantes que determinan nuestro funcionamiento orgánico.

La primera es la parte intelectual, emocional y el motor-instintivo-sexual.  

La propuesta para acceder a la disolución es poniendo a trabajar el centro emocional, porque entonces el centro intelectual descansa, y desde ese espacio, damos oxígeno y podemos comenzar a ver otras posibilidades que antes no veíamos para comenzar a resolver el problema.

Me gusta hacer énfasis en tener sentido del humor en momentos de crisis, ya que eso hará que te olvides de los pensamientos que en ese momento te causan dolor o estrés, y elevará tu frecuencia vibratoria. ¿Te gusta la pintura? Ve a una exposición, tómate un café, vete a nadar al mar, medita, sube una montaña, y ríete. El problema aparente, dejará de existir.

Con esto no quiero decir que desatendamos nuestras responsabilidades o neguemos los obstáculos a los que nos enfrentamos cuando hay que pagar facturas, rentas, comida, etc.

La mente es especialista en mandarnos imágenes de penumbra cuando tenemos miedo a la escasez.

En ese momento parece más fácil tener fé en el poder de la pobreza, que en la posibilidad de tu propia recuperación económica, emocional o espiritual.

Simplemente la Fé no es ciega, es VISIONARIA. Tener fé en un resultado positivo, significa que estás afirmando una solución. Actuando de la manera más amorosa y responsable.

Sin embargo, cabe distinguir, que una cosa son los hechos. Los hechos son la realidad en tu vida. Tangibles y concretos. Ellos andan por si solos. El pensamiento o creencia que llamas “problema” es lo que tú interpretas acerca de el hecho. Es lo que te dices acerca de lo que está pasando. Es la forma con la que estás saliendo a la vida según tu propia visión, debido a tu manera reactiva de pensar gobernada por el ego. El “problema” es algo que la mente crea. Cuando lo observas, simplemente deja de existir.

El miedo es un gran enemigo, y será un reto al que nos enfrentaremos, ya que le gusta estar en conflicto todo el tiempo. ¿Sientes miedo de perder algo? ¿Sabes que nuevas puertas se te abrirán si lo pierdes? Tu intuición si lo sabe, y es por eso que una persona intuitiva no tiene miedo. Una persona intuitiva tiene certeza en que todo es perfecto. Su confianza le abrirá otras posibilidades mucho más grandes, que antes no veía.

Cuando soltamos el miedo, la vida nos reserva muchas sorpresas agradables.

Es el amor, y solo el amor lo que nos da el poder de trascender los pensamientos interiores, y las apariencias del mundo de los mortales. Solo el amor a nosotros mismos y a los demás nos da la autoridad divina para reajustar las trayectorias por las que se desarrolla nuestra vida.

Es importante rescatarnos a nosotros mismos mediante la sucesión del pensamiento, y comprender que la preocupación daña nuestra mente cuando está embotellada en el conflicto.

Todo problema surge, subsiste, y luego se disipa. Surge porque la mente lo crea, subsiste mientras la mente no lo olvide, y se disipa cuando la mente olvida. Una manera de disipar las circunstancias en la vida, es aprender a manejar los tres cerebros, como mencioné antes: intelectual, emocional, y motor.

Es decir, si hay preocupación emocional, cambia de centro, pon a trabajar el cerebro instintivo motor, sal a pasear, monta a caballo, haz algo distinto.

Te invito a vivir la vida de instante en instante. Experimentándola desde el amor, en la simple presencia del ahora, sin proyecciones hacia el futuro, y sin cargas del pasado. Aprendamos a reinterpretar la vida desde la consciencia amorosa que ya somos. Y hacer nuestro trabajo divino lo mejor posible, para lo cual fuimos creados.

Daniela Medina Gomez.